martes, 19 de abril de 2011

Pasividad amable.

Existe una epidemia de tolerancia  que, lamentablemente, es posible que pueda complementarse con una epidemia de desesperanza. O ... es posible que sea la epidemia de desesperanza la que determina un exceso de tolerancia.

Existe una epidemia de tolerancia  que, lamentablemente, es posible que pueda complementarse con una epidemia de desesperanza. O ... es posible que sea la epidemia de desesperanza la que determina un exceso de tolerancia. Sea como fuere son muchos los que no dejan oir su voz  guiados por el convencimiento que poco se puede  hacer para que algo cambie o que ... seguramente, una vez algo hayamos hecho, poco harán aquellos a quienes les corresponde seguir haciendo en nuestro nombre. Es una clara pasividad amable que en nada nos ayuda a participar del y en el movimiento indispensable para que nuestra realidad se mueva. Para que haya cambio.

En los últimos días se habla y se hablará de Stéphane Hessel. Aparece en las noticias nacionales, se comenta en los periódicos nacionales e internacionales de gran tirada, su presencia se nota en los foros cotidianos, esos en los que no se exige ser un erudito en la materia. Con una de sus frase podría fácilmente definírsele : "sólo es hombre quien se compromete". Es una frase que me acerca a la vida cotidiana, al día a día en las aulas, al cada rato en la vida personal. Su presencia es todo un alegato contra la indiferencia. Su mensaje es un aliento a indignarse ante una realidad que no nos gusta o nos disgusta.

Cualquier compromiso con la realidad exige, desde luego,  querer mirarla  con ojos críticos, poner palabras a aquello que nos encontramos, tener la certeza que nuestra participación es importante y dejar esa amable tolerancia de lado pues suele ser clara muestra de miedo, el que hace que dejemos en manos de otros los que nos corresponde o ... simplemente, ni queramos ver cuando nos toca mirar.

Nos dicen las noticias que Stéphane Hessel ha trasladado al papel esa sensación generalizada de indignación que está presente en el ambiente. No da palmadas en la espalda, no se conforma con un "es lo que hay" y anima a involucrarse. Su libro es un ejemplo de coherencia y dignidad a la vida de su lectores, anima a pensar, sin caer en paranoicas conspiraciones pero con desconfianza hacia los poderosos.

Para indignarse, al menos, hay que saber qué se quiere y cómo se quiere. Para indignarse por lo colectivo, es necesario, al menos, sentirse miembro de la colectividad y considerar lo colectivo en un  rango de valores próximo a lo nuestro, lo particular, lo propio. No es fácil. Exige un compromiso con la realidad. Sólo es hombre quien se compromete, nos dice Stéphane Hessel.

No es difícil encontrarse alumnos mal humorados a la puerta de jefatura porque algo les ha ocurrido a ellos. Eso mismo llevaba meses ocurriéndole a los otros pero ... ni tan siquiera se habían enterado. Hasta que no le toca a uno pudiera ser que es cosa de otros. No es difícil encontrarse alumnos a los que se les permite hacer propuestas para modificar lo que no gusta, propuestas para mejorar lo que a su juicio debe mejorarse, pero ... las propuestas no llegan.

No es difícil, tampoco, encontrarse a los compañeros diciendo, en la cafetería, lo bien, mal o regular del sistema en el que participan, de la escuela en la que trabajan, del claustro del que son miembros. Son pocos los que se atreven a denunciar lo que no corresponde, a proponer cuando algo no gusta, a comprometerse con lo que también es suyo.

A ratos es difícil encontrar  alrededor colectivos , colectivos animados por el deseo y la confianza que la realidad puede ser diferente, colectivos dispuestos a indignarse.

Y ... la escuela es un espacio en el que en la vida cotidiana nos encontramos con muchas razones para indignarnos. Siempre hacemos referencia a aquellas que nos quedan lejos, las que apenas podemos tocar: hablamos de familias, hablamos de entorno socio económico, hablamos de restricciones salariales, hablamos de lo que depende de los otros. Parece que nos olvidamos que nosotros también somos escuela y que son muchos los asuntos que dependen de nosotros, que como colectivo coherente, pueden mejorar.

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